Otro año vivido intensamente

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Reproducimos el texto del artículo del director general de ASEDAS, Ignacio García Magarzo, publicado por la Revista Aral sobre el balance del año 2021 en el contexto de la situación socio-política y sanitaria.

Superar las consecuencias sociales y económicas de la pandemia Covid-19 es un camino difícil en el que la ruta hacia la “normalidad” está jalonada de desafíos que surgen constantemente. Por ello, no es fácil definir lo que ha sido el año 2021 en la distribución alimentaria, más allá de que se ha vivido otro año intenso compartido con el resto del sistema productivo y con toda la sociedad.

En este periodo, debemos hablar de una cierta vuelta a hábitos de consumo más cercanos al año 2019. La recuperación del consumo fuera del hogar gracias a la apertura progresiva de la restauración ha hecho que se retomara un perfil de compras en el supermercado más “normalizado”, al tiempo que la distribución mayorista también ha recuperado parte del mercado pedido con el cierre del turismo y de la hostelería.

En este contexto, la proximidad se afianza de nuevo como un valor que permite a los consumidores acceder a una compra completa de alimentación de calidad, variada y a precios competitivos muy cerca de sus casas. En nuestro entorno, la palabra proximidad tiene hoy connotaciones que van mucho más allá del acto de compra. Significa salud, porque la alta capilaridad del supermercado evita que en España haya desiertos alimentarios posibilitando a todos los consumidores –vivan donde vivan- el acceso a todo tipo de productos, incluyendo frescos. Significa medioambiente, porque fomenta la de movilidad sostenible por su integración en los centros urbanos de pueblos y ciudades. Y significa desarrollo económico, porque el sector es un gran creador de empleo y su actividad incide también en todo el territorio, sobre todo a través de la actividad de los productores locales.

Además, en 2021 se ha comprobado que la proximidad también asume el adjetivo “digital”. El comercio electrónico en alimentación ha continuado en una línea ascendente, pero muy relacionada con la complementariedad que se observa en los canales físico y online. Como indica el V Observatorio de Comercio Electrónico en Alimentación de ASEDAS, el consumidor mixto –que aprovecha las ventajas de la tienda física y del canal online- alcanza ya el 30,49 por ciento de los consumidores.

Nuevos costes soportados por el comercio

En el lado opuesto, las sombras de la pandemia han traído consigo un importante incremento en los costes que soporta la distribución. El informe realizado por la Comisión de Competitividad, Comercio y Consumo de CEOE es muy significativo y apunta que estos nuevos costes que han tenido que asumir las empresas del sector comercial ascienden a 1.475 millones de euros; mientras que, solo los derivados de la pandemia, suman 514 millones de euros.

Como refleja el informe de CEOE, estas cargas económicas tienen que ver con las medidas Covid-19 que ha sido necesario implementar, pero también con el amplio paquete legislativo relacionado con el medio ambiente y al consumo. Estos son los nuevos impuestos asociados al plástico –impuesto a envases de plástico no reutilizables y sustitución del plástico de un solo uso-, tasa Sandach, impuesto a los gases fluorados, impuesto de depósito en vertedero, entre otros. Y, además, también hay que considerar los impuestos soportados directamente por el consumidor, como el incremento del IVA en las bebidas azucaradas, que inciden de manera negativa en el consumo.

El compromiso de las empresas con la sostenibilidad medioambiental es firme, y durante 2021 se ha podido ver como los lineales siguen avanzando hacia productos y envases más sostenibles. Pero la sostenibilidad medioambiental debe ser compatible con la sostenibilidad económica y social. Esto significa que las empresas deben tener la posibilidad de alcanzar los objetivos medioambientales de la manera más conveniente para seguir desarrollando sus modelos de negocio. Por ello, es importante no tener cargas fiscales adicionales que puedan lastrar el crecimiento.

En los últimos meses de 2021, esta situación no ha hecho más que agravarse por la coyuntura internacional de los mercados de la energía y de las materias primas, lo que tensa el trabajo de la cadena agroalimentaria en su conjunto. La estructura de la distribución en España, caracterizada por una alta competencia y equilibrio entre formatos y modelos de empresa, ha posibilitado durante los meses pasados que el reflejo en los precios al consumo de estos problemas coyunturales se produzca lo menos posible y lo más tarde posible. Pero, desgraciadamente, hoy, esa eficiencia está condicionada por el brutal incremento del coste de la energía, que se ha convertido en una prioridad absoluta para nuestras empresas.

La reivindicación de la esencialidad del sector, también en 2022

Por último, la distribución alimentaria ha seguido demostrando ser un sector esencial que juega un papel de vital importancia en momentos de incertidumbre, contribuyendo a asegurar, como ha ocurrido durante la pandemia, que la alimentación no sea un problema añadido a otros. El reconocimiento legal de este carácter esencial es otra de las grandes reivindicaciones que ha estado y sigue estando sobre la mesa. El año 2021 nos ha presentado muchos y muy diferentes retos: las continuas oleadas de la pandemia Covid-19, la tormenta Filomena, el volcán en la isla de La Palma… En todos ellos, las empresas de distribución alimentaria han dado la talla en beneficio de la ciudadanía. Por ello, el año 2022 debe ser el año en que el trabajo de empresarios y empleados se reconozca legalmente su esencialidad y su gran valor social.