La transformación del punto de venta del supermercado hacia un modelo sostenible

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La revista Retail Actual publica en su número de octubre el artículo de María Martínez-Herrero, responsable de Medio Ambiente, sobre los cambios introducidos en las tiendas para avanzar hacia la economía circular.

El punto de venta de un supermercado –es decir, la tienda propiamente dicha- es el punto de contacto con el consumidor de los cientos de miles de personas que cada día trabajan para llevar a los hogares todo tipo de productos de alimentación y gran consumo. Y de hacerlo, además, atendiendo a sus necesidades concretas de alimentación y en perfectas condiciones de seguridad alimentaria.

Para que un supermercado pueda abrir sus puertas cada día y sus clientes encuentren una tienda limpia, bien iluminada y climatizada y con todo el surtido disponible y ordenado, es necesario el trabajo coordinado de muchas personas en una cadena de tareas muy compleja y especializada cuyo objetivo final es servir al consumidor. Todos ellos son conscientes de la enorme exposición social de su trabajo. Unos 15 millones de personas visitan cada día los supermercados en España, ofreciendo una oportunidad de comunicación única para contarles lo que somos y lo que queremos llegar a ser.

Cualquier consumidor ha observado en los últimos años que el punto de venta se ha ido poco a poco transformado en un espacio amigable, luminoso, amplio, bien señalizado donde vivir lo que se ha dado en llamar una buena experiencia de compra, que incluye una atención personalizada por parte personal de tienda. Una correcta gestión del punto de venta incluye todas estas variables, además de la puesta a disposición del cliente de un surtido que responsa a sus expectativas en términos de variedad, calidad, seguridad alimentaria y precio.

Pero la sociedad nos exige más. A la “gestión del punto de venta” es necesario añadir el adjetivo “sostenible”, con toda la complejidad que ello supone. La sostenibilidad de la tienda comienza mucho antes del espacio físico en que el consumidor hace sus compras, porque la sostenibilidad debe entenderse como un compromiso que emana desde la dirección para abarcar todas y cada una de las actividades de la empresa.

Sostenibilidad significa equipamiento eficiente energéticamente incluido en proyectos arquitectónicos que faciliten el uso de los recursos naturales: más del 27 por ciento de las tiendas de gran consumo son nuevas o han sido reformadas a lo largo de los últimos tres años siguiendo este tipo de criterios. Sostenibilidad significa migrar hacia flotas logísticas que, además de introducir medios de propulsión de bajo impacto, optimizan los trayectos y las cargas. Sostenibilidad significa llegar muy cerca de las casas de los consumidores para que estos puedan hacer su compra a pie: el 90 por ciento de los clientes del supermercado acude a la tienda a pie. Sostenibilidad significa la coordinación con el resto de los eslabones de la cadena para ajustar pedidos, para ofrecer al consumidor lo que éste demanda y reducir así el desperdicio alimentario. Sostenibilidad significa abrazar la digitalización en los procesos internos y considerar el desarrollo del comercio electrónico en alimentación desde el prisma de la triple dimensión social, económica y medioambiental. Y, así, un largo etcétera de actividades que, siendo en ocasiones poco visibles para el consumidor, hacen que el acto de compra en la tienda sea, usamos una vez más la palabra, cada vez más sostenible.

Los desafíos a los que la distribución alimentaria, al igual que otros sectores económicos, se enfrenta en la actualidad son ingentes y la crisis multifactorial derivada del coste de la energía y de las consecuencias de la guerra de Ucrania no ayuda a abordarlos. El supermercado está inmerso en la migración hacia una economía circular real y completa, en la digitalización que incluye ofrecer respuestas al crecimiento del consumidor mixto que demanda omnicanalidad y en el cambio demográfico que obliga a prestar atención a nuevos y variopintos de grupos de consumo. Todo ello en un contexto de incertidumbre económica y de alza de la presión fiscal y normativa.

Sin embargo, la transformación ha comenzado y, para llevarlo a cabo, es necesario resaltar el papel de los trabajadores de los supermercados. Personas especializadas, motivadas y bien formadas que, sea cual sea su tarea, incorporan el compromiso con la sostenibilidad medioambiental, social, económica y digital a su trabajo diario y son capaces tanto de provocar el cambio en toda la organización como de transmitirlo a los clientes.