La distribución alimentaria ante la crisis multifactorial: cinco medidas para garantizar el abastecimiento

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Expansión publicó el pasado lunes 9 de mayo la tribuna del presidente de ASEDAS, Antonio Garrigues, «La distribución alimentaria ante la crisis multifactorial: cinco medidas para garantizar el abastecimiento», donde éste reflexiona sobre las medidas urgentes que serían necesarias para ayudar a las empresas de distribución en la actual coyuntura muy compleja y que, además de al mundo empresarial, impacta directamente en los consumidores. 

El encarecimiento de la energía, los combustibles y las materias primas han provocado una situación nunca vivida hasta ahora que afecta a todo el sector agroalimentario, desde el productor al consumidor. El enorme acelerador de estos problemas que supone la guerra de Ucrania coincide, además, con otros frentes abiertos de carácter regulatorio, social y económico que ya amenazaban con incrementar los costes y las dificultades para el normal funcionamiento de la cadena alimentaria.

Esta crisis multifactorial hace que el compromiso de garantizar el abastecimiento a la sociedad española en condiciones de seguridad, variedad, calidad y a los menores precios posibles se esté viendo sometido a enormes tensiones que escapan del control de las empresas. Un ejemplo reciente de ello son los problemas de desabastecimiento ocasionados por el paro del transporte que tuvo lugar el pasado mes de marzo.

El sector de la distribución alimentaria, en concreto, ha demostrado estar a la altura de lo que necesita la sociedad en crisis recientes, como la pandemia de la Covid-19, o más antiguas, como la crisis económica del año 2008. En esos momentos, las empresas pusieron todos los medios para dar a la población la seguridad de que muy cerca de sus casas tendrían todos los productos de alimentación e higiene necesarios para asegurar su confort y su tranquilidad. Y, además, lo hicieron manteniendo unos precios que se cuentan entre los más competitivos de la Unión Europea, varios puntos por debajo de la media.

Ahora, sin embargo, no todo depende de los esfuerzos de los empresarios y de sus trabajadores. Por eso, la distribución alimentaria demanda unas medidas urgentes que le permitan seguir cumpliendo el objetivo de asegurar el abastecimiento de productos básicos a toda la población y a los precios más competitivos posible. Este conjunto de ­propuestas no pretende dar una solución fácil a la complejidad de circunstancias que ­vivimos, pero sí es un punto de partida imprescindible para abordar los próximos meses con la confianza de que, una vez más, el acceso a la alimentación no será un problema.

En primer lugar, es necesario proveer a las empresas de distribución alimentaria de acceso a la energía a costes sostenibles. El coste energético es, junto con el de personal, el que mayor impacto tiene en las cuentas de resultados de estas compañías que, además, no pueden dejar de funcionar ni una sola hora ni un solo día. El crecimiento de los precios de la electricidad está comprometiendo la viabilidad de los negocios, especialmente de las cadenas más pequeñas. Por lo tanto, es urgente que se desarrolle para ­la distribución alimentaria el concepto de “gran consumidor esencial” y que se ­le permita acceder a las ventajas de las que disfrutan otros sectores.

En segundo lugar, es necesario contar con un transporte seguro, eficiente y garantizado. Tras la grave experiencia de marzo, se ha hecho urgente garantizar el transporte para la cadena alimentaria -como sector esencial que es- haciendo compatible el abastecimiento a la población con los derechos de paro patronal, huelga o manifestación. Por supuesto, también son urgentes medidas que palíen el incremento del coste de los carburantes a largo plazo y otras que mejoren la situación de los transportistas. Todo ello desde un diálogo en el que la distribución alimentaria, como parte implicada, debería participar.

En tercer lugar, es necesario facilitar el acceso a las materias primas. La situación creada por la guerra ha obligado a buscar alternativas con algunos proveedores, pero debemos flexibilizar las medidas regulatorias para garantizar la disponibilidad de los productos afectados. Esto solo puede ser posible si nos anticipamos en materias relacionadas, por ejemplo, con el etiquetado. Deberíamos contar con un marco jurídico ágil en relación con estas cuestiones, así como acomodar el calendario de los estándares de sostenibilidad de productos agrícolas que, sin renunciar a ellos, permita atender la actual situación de emergencia.

En cuarto lugar, es necesaria la reducción inmediata de impuestos y del coste regulatorio. La máxima preocupación de la distribución alimentaria es el impacto del IPC en el consumidor. El sector lleva meses soportando parte del incremento de los costes a costa de sus márgenes. Pero este esfuerzo no puede ser unilateral: para atender a las necesidades de la población que sufre los efectos de esta crisis es precisa una rebaja del IVA en productos de alimentación y gran consumo; para ayudar a las empresas, es imperioso el aplazamiento de medidas fiscales y no fiscales -pero muy gravosas-, relacionadas especialmente con el medio ambiente.

Por último, es necesaria la regulación del carácter esencial del sector de la distribución alimentaria. Esta petición no es caprichosa o decorativa. La toma de decisiones rápidas y arriesgadas para atender a la demanda en situaciones excepcionales requiere protección legal. Solo así es posible asegurar el abastecimiento de productos de gran consumo. ¿Una modificación de la Ley de Ordenación del Comercio Minorista y otras normas conexas -que reconozcan el carácter esencial del sector y el derecho de los empresarios a adoptar medidas para garantizar el servicio público mientras dure cualquier situación de emergencia- es algo descabellado? Creo que no, como ya se comprobó durante los primeros Decretos-Leyes de Estado de Alarma en 2020.

Hoy estamos ante una situación distinta, pero que, desgraciadamente, también exige adoptar, con decisión, valentía y generosidad, medidas excepcionales con el único fin de ejercer una responsabilidad y un compromiso con la sociedad que la distribución alimentaria ya ha demostrado.