Inflación: el comercio de la UE advierte a los gobiernos sobre el peligro de tomar «medidas mal concebidas»

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La inflación anual de la zona euro en octubre de 2022 ha sido del 10,6 por ciento, frente al 9,9% de septiembre y al 4,1 por ciento de octubre de 2021, según los datos publicados por Eurostat. Si nos fijamos en el conjunto de la UE, la inflación anual de octubre fue del 11,5 por ciento, frente al 10,9 por ciento de septiembre y al 4,4 por ciento del año pasado en estas mismas fechas. Los datos son, sin duda, preocupantes. Especialmente cuando vemos que la crisis de costes, que inevitablemente se refleja en los precios al consumo, es un problema que se extiende como una mancha de aceite en las economías occidentales.

En este contexto, se puede tener la tentación de pensar que la inflación puede ser beneficiosa para algunos. Nada más lejos de la realidad. La inflación no beneficia a nadie, ni a los consumidores que ven mermado su poder adquisitivo ni a las empresas que -en cualquier eslabón de la cadena- se ven obligadas a ajustar márgenes para seguir siendo competitivas. A la hora de estudiar las cuentas de resultados empresariales no hay que confundir el alto volumen de negocio con los beneficios (muy bajos en el caso de la distribución alimentaria). La realidad es que los márgenes del comercio están cayendo como consecuencia de las actuales condiciones del mercado.

EuroCommerce, la organización europea del comercio, ha advertido a los Gobiernos de las consecuencias de tomar «medidas mal concebidas que aborden los precios de venta al público sin tener en cuenta el coste de abastecimiento de los productos afectados». Las mismas, afirma, serán contraproducentes y, en algunos casos, podrían llegar a poner en peligro la existencia del comercio, además de provocar escasez, compras de pánico y, paradójicamente, aumentar la inflación en algunos productos no afectados por posibles topes».

Ante esta situación, se han vuelto a lanzar varias peticiones a los Gobiernos de la Unión Europea:

Que se abstengan de adoptar medidas «mal concebidas» sobre el precio de los productos y de imponer impuestos adicionales que no hacen más que aumentar las presiones inflacionistas y poner en peligro las operaciones de muchas empresas.

– Que se preste ayuda urgente dentro del Marco Temporal de Crisis de la UE a los incrementos masivos de los costes derivados de la guerra de Ucrania y de la crisis energética, con el fin de evitar una oleada de quiebras en todo el sector de la distribución y reducir así la presión para subir los precios a los consumidores.

– Que se apoyen los esfuerzos del sector de la distribución para ayudar a reducir su consumo de energía y migrar hacia alternativas más económicas. Para ello, es muy importante tratar al comercio como un servicio esencial al aplicar medidas de reducción del consumo de energía.

La directora general de EuroCommerce, Christel Delberghe, ha recordado que  «la distribución minorista y mayorista presta un servicio esencial. Se esfuerza por amortiguar el impacto de la inflación en los consumidores, pero con unos márgenes bajos (entre el 1 y el 3 por ciento en alimentación), su capacidad para hacerlo es limitada. Nuestro sector se enfrenta a una triple presión: los consumidores están comprando menos y luchan contra una crisis del coste de la vida sin precedentes impulsada por los costes de la energía. Esto supone una peligrosa combinación con las exigencias de los proveedores multinacionales de subidas de precios y con el hecho de tener que hacer frente a facturas energéticas que se disparan. El comercio necesita que los gobiernos ayuden con el coste de la energía y se abstengan de tomar medidas como la imposición de precios arbitrarios, impuestos adicionales o el límite de los márgenes«. «Esto pondría en peligro la existencia de numerosas empresas«, añadió.