La proximidad digital llega a todos los grupos de consumo

Baby boomers (nacidos entre 1946 y 1964), generación X (1965-1980), milennial (1981-1996) y generación Z (1997-2010) son los grupos de consumo que siguen despertando un gran interés entre los analistas. Todos ellos han vivido la pandemia y, curiosamente, comparten prácticas en cuanto a hábitos de consumo: la experiencia online combinada con la tienda física. Es lo que en ASEDAS llamamos la proximidad digital.

Una de las conclusiones del estudio El comprador influyente, realizado por The Economist para SAP tomando datos de diversos países es que la adquisición de productos básicos a través del comercio electrónico (comida a domicilio, alimentación, productos de limpieza e higiene personal) aumentó en todos los grupos de edad.

El estudio también ahonda en las ventajas que reconocen los consumidores a la hora de comprar en tiendas físicas. La primera, para todas las generaciones, es la gratificación instantánea de llevarse el producto directamente a casa. La segunda, es la posibilidad de evaluar el aspecto y el tacto del producto. Y, en tercer lugar, la selección de las ofertas y descuentos, aunque aquí los baby boomers y la generación X consideran que los establecimientos tradicionales realizan mejores ofertas que el canal online, mientras los más jóvenes piensan lo contrario.

Cuando la situación provocada por la pandemia mejore, 6 de cada 10 encuestados asegura que mantendrá alguno de sus nuevos hábitos de consumo, como el del uso del comercio electrónico -seguramente combinado con la compra física-. Los más jóvenes, milennials (66%) y Z (61%), serán los más propicios a conservarlas y los baby boomers los que menos las mantendrán (55%). La generación X se sitúa casi en la media (60%).

La moraleja de estos datos es que, en el futuro, la clave del éxito será buscar formas de satisfacer las necesidades de todos los grupos generacionales en cualquier entorno, ya sea en la tienda tradicional o en los canales online.

 


Los sectores esenciales empujan el empleo

El sector de la alimentación, con toda su cadena de valor, era ya antes de la pandemia uno de los sectores que más aportaba al PIB. Las actuales circunstancias lo han hecho visible como un sector tractor de la economía por su capacidad de crear empleo tanto directo como indirecto. Destacan en este capítulo, además de la agricultura, las actividades de logística y la digitalización. A pesar de ello, no cabe tomar este sector como homogéneo, ya que el cierre de la hostelería y del turismo está afectando negativamente a la distribución mayorista y a ciertas empresas alimentarias y productos agrarios.

Un reciente estudio de Randstad señala el dinamismo de la logística a la hora de crear empleo en este año 2021, destacando el papel del comercio electrónico. Se trata de un canal que ha llegado para quedarse, como indica nuestro IV Observatorio de Comercio Electrónico, en la figura del consumidor mixto, que utiliza ambas vías de acceso a la alimentación desde la idea de las ventajas que otorga la “proximidad digital”.

Muy ligado a esta actividad, la tecnología se presenta como otro nicho importante de creación de empleo. Pero éste va mucho más allá de la logística ligada al comercio electrónico para contribuir tanto a la transformación digital como a la sostenibilidad de la cadena. Tecnologías disruptivas como el big data, el block chain o la inteligencia artificial nos permiten alcanzar la máxima eficacia en la gestión del surtido –limitando el desperdicio alimentario-, en la gestión de flotas bajo criterios de eficacia o en el control de equipos de refrigeración, entre otros.

En el capítulo de las industrias más dinámicas en cuanto a empleo, junto con la sanitaria y la farmacéutica, la consultora laboral sitúa también la alimentaria. Se trata de grupos de actividad muy significativos en este momento en cuanto a la esencialidad del trabajo que realizan para la sociedad.

 


Enseñanzas del Covid-19: el consumidor confía más en la cadena de valor agroalimentaria

¿Qué dejará la pandemia Covid-19 cuando termine? En la esperanza de que de esta difícil experiencia por la que está pasando la sociedad resulte algo positivo, de momento, observamos que los consumidores han adquirido una nueva visión de la cadena de valor agroalimentaria en su conjunto. Esta visión está basada en la confianza. En la certeza de que durante esta crisis la alimentación no está siendo un problema y de la fortaleza del sector para afrontar futuros retos.

El proyecto, “Aumentar la confianza de los consumidores y el apoyo a la cadena de suministro de alimentos y a las empresas alimentarias”, realizado por EIT Food, revela que la capacidad de la industria alimentaria para seguir abasteciendo los lineales a pesar de la pandemia ha mejorado la confianza de los europeos en su conjunto. Y aquí debemos hacer un inciso para recordar que España ha sido, en este contexto, el país con menos rotura de stock de nuestro entorno, lo que habla muy en positivo de eficiencia, profesionalidad y capacidad de respuesta de nuestra cadena de valor.

El profesor Richard Bennett de la Universidad de Reading, director del proyecto, ha dicho que “ante lo que podría haber sido un período perjudicial para la industria alimentaria, la forma en que diferentes empresas y partes del sistema han logrado continuar entregando alimentos a las personas ha contribuido mucho a generar confianza”.

En este sentido, el estudio confirma que la distribución alimentaria ha mejorado sus niveles de confianza en 2020. Y asegura que los minoristas respondieron de manera rápida y justa para garantizar que los artículos esenciales estuvieran disponibles.

¿Persistirá esta confianza cuando la normalidad regrese? El buen trabajo de la cadena hace suponer que sí, aunque no hay que perder de vista los deseos de los consumidores que, cada vez más, tienen que ver con la toma de conciencia de los esfuerzos de las compañías en materia de responsabilidad social –que incluye la medioambiental-. La comunicación será muy importante en el futuro, cuando lo inmediato dé paso a lo importante, para lograr dar un paso adelante en esta toma de conciencia.

 


España escala posiciones en el ranking europeo del reciclaje

España ya se sitúa en séptima posición de la Unión Europea en reciclaje de envases, según los últimos datos publicados el 22 de diciembre por la Oficina Europea de Estadística de la Comisión Europea, Eurostat, que actualiza los principales indicadores de gestión de residuos a 2018. Según estos datos, España remonta posiciones con respecto a la última actualización -en 2017 nuestro país ocupaba la novena posición en reciclaje de envases- y por primera vez se sitúa por encima de Alemania.

Eurostat incluye bajo la categoría de envases tanto los domésticos -los que gestiona Ecoembes– como los industriales y comerciales. Se trata de una tendencia muy positiva en la gestión global de estos residuos en nuestro país que, según esta autoridad comunitaria, cada vez se reciclan más en comparación con el resto de países miembros. En el ámbito de la distribución alimentaria, la recogida, el reciclaje y la reutilización de todo tipo de materiales forma parte de la estrategia de cambio del sistema productivo hacia la economía circular.

La economía circular consiste en intentar que todas las materias primas que se utilizan se devuelvan al sistema productivo, que el residuo inevitable sea el mínimo posible y que éste sea tratado adecuadamente para que no termine en el medioambiente. Para ello es necesaria la implicación de ciudadanos, empresas y administraciones. En el caso de las empresas de ASEDAS, la reducción del consumo de materiales se ha situado en los últimos dos años en tasas próximas al 10% en el caso del plástico y al 20% en el caso del papel y cartón; mientras que los porcentajes de reciclado alcanzan valores que rondan –y en muchos casos superan- el 80%. Con sistemas de logística inversa muy avanzados –por los que los residuos se recuperan para su reutilización-. Estos materiales recuperados tienen como destino su reutilización en las propias cadenas o en gestores autorizados.

Además, una nueva generación de envases y de materiales está llegando ya a los lineales, siempre bajo el criterio de garantizar la seguridad alimentaria y cumplir los objetivos medioambientales. Dentro de los envases más visibles para los consumidores, las cadenas trabajan en sus productos de marca propia y con los proveedores –especialmente de fruta y verdura- para aplicar criterios de reducción y ecodiseño de manera que se avance hacia el objetivo de 100% reciclable o compostable. Además, muchas cadenas han dado ya pasos adelante para alcanzar las metas recogidas en la normativa, como la venta de menaje de un solo uso (platos, vasos, cubiertos, pajitas…) hecho con productos biodegradables.

Otro campo de trabajo es la búsqueda de alternativas a las bandejas de poliestireno y el film que se utiliza para dispensar los productos en las secciones de carne y pescado asistidas y en los recipientes de las secciones de comida preparada, avances que muchas cadenas ya aplican con el uso de materiales respetuosos con el medioambiente y que llegaran a la mayoría antes de fin de año.

Eurostat también actualiza otros indicadores relevantes como el de la generación de residuos por habitante en 2018 (España ocupa el puesto 18º de un total de 38, ya que incluye países europeos no miembros y estados vecinos) o la tasa de reciclaje de residuos municipales en 2019. En ambos casos España ocupa puestos sensiblemente inferiores a la media europea, lo cual indica el enorme desafío que todavía tenemos por delante.


Firme compromiso de la distribución con la economía circular

La distribución tiene un largo historial de compromiso con la mejora de la sostenibilidad de sus productos y actividades, y han puesto en marcha numerosas iniciativas para lograrlo. El sector ha sido pionero en toda una serie de acciones, desde la lucha contra el despilfarro de alimentos, la mejora de la eficiencia energética y el uso de recursos en sus operaciones, la reducción de la cantidad de envases, hasta el establecimiento por parte de las empresas de objetivos claros para llegar a ser neutrales en materia de carbono. A medida que crece el compromiso de la sociedad con el medio ambiente, queda más claro que ningún actor o sector puede alcanzar estos objetivos por sí solo. Por lo tanto, es preciso garantizar un enfoque coordinado en el que participen los organismos reguladores, los proveedores y las empresas de cada sector.

Esta es la descripción que hace Eurocommerce sobre la implicación de la distribución en su conjunto con el Plan de Acción para la Economía Circular (PAEC) de la Comisión Europea. «Las conclusiones elaboradas por los ministros se hacen eco de nuestra opinión de que la economía circular ofrece grandes oportunidades tanto para nuestro sector como para la sociedad en general. Permite a todos replantear los modelos de negocio existentes, ofrecer productos alternativos y proporcionar los medios y el apoyo a los consumidores para que adopten un estilo de vida más sostenible. Nuestro sector puede contribuir a este proceso trabajando en dos direcciones: impulsando y respondiendo a los cambios en las demandas de los consumidores y la sociedad«, dijo Christian Verschueren, director general de esta organización, a la que pertenece ASEDAS.

En este compromiso de cooperación, es importante la creación de un marco de trabajo que fomente la investigación y la innovación en el diseño ecológico y la tecnología digital, al tiempo que garantice la correcta evaluación del impacto de las medidas que tomen las diferentes partes de la cadena de suministro. Garantizar la seguridad jurídica, por ejemplo, en cuestiones como la definición de lo que son productos sostenibles.

Por lo tanto, el camino para migrar hacia un sistema productivo basado en la economía circular que devuelva los recursos utilizado a la economía para su reutilización y trate adecuadamente el mínimo sobrante para evitar que éste se convierta en desperdicio ha comenzado con el firme compromiso de uno de los sectores económicos más dinámicos en cuanto a empleo y crecimiento.