¿Por qué la distribución no es responsable de las subidas de precio de los productos agrícolas?

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Oímos con periodicidad declaraciones de las principales asociaciones agrarias acusando a la distribución alimentaria de las alzas de precios que tienen lugar en el sector agroalimentario. Ocurre así cada vez que un factor externo, como la meteorología o problemas de mercado ocasionadas por decisiones de carácter geo-político tienen un gran impacto sobre la producción agraria. Esto sucede, precisamente, gracias a que el mercado funciona razonablemente bien: cuando la producción se reduce, el precio en origen, muy volátil, tiende a subir y esto permite que el agricultor equilibre sus balances económicos independientemente de la producción. Después, la situación tiene de estabilizarse de nuevo.

Si nos atenemos a un análisis riguroso del papel de la distribución en los precios de los alimentos primarios, debemos considerar varios factores relacionados con las relaciones contractuales entre productor y distribuidor y con la distribución de la demanda.

La mayor seguridad para que los agricultores reciban un precio estable por sus producciones en el establecimiento de condiciones contractuales definidas en las que estos van a recibir precios estables a cambio de cumplir con las condiciones de calidad, cantidad y plazos establecidos en el contrato. Las relaciones basadas en bases jurídicas firmes y en la confianza entre dos eslabones de la cadena que se sustentan mutuamente es el mejor camino para lograr la estabilidad en los precios, tal y como recoge la Ley de la Cadena, Ley 12/2013 que entró en vigor el 1 de enero de 2014.

Además, hay que tener en cuenta que el sector agrario español está fundamentalmente enfocado hacia la exportación por lo que la distribución española poco influye en la mayor parte de las transiciones que se producen. En cualquier caso, asumiendo que la mayor parte de las producciones, especialmente las hortofrutícolas se dedican a la exportación y que la mayor parte de los productos agrarios sirven de materias primas para la industria transformadora, la relación directa de la distribución con los agricultores en muy limitada en términos de volumen. Calculamos que solo alrededor del 30% de la producción agraria queda en España. Un ejemplo de ello es la crisis de la berenjena y el calabacín que tuvo lugar en el año 2015: según los datos del MAPA, en el año 2015 el 65% de la berenjena y el 61% del calabacín que se produjeron en España se destinaron a la exportación, sobre todo a la Unión Europea. Si nos centramos en la producción de las zonas afectadas por el temporal que se produjo en aquellos días (Almería y Murcia principalmente), el porcentaje de lo que se destina al mercado de la exportación es aún mayor: 82% en el caso de la berenjena y 78% en el caso del calabacín. Eso quiere decir que los mercados de la exportación son los que, en todo caso, condicionan el precio de la mayor parte de estos productos.

Es preciso considerar también que el porcentaje de productos que se quedan en España tiene destinos diversos. Entre ellos, tres principalmente: el canal HORECA (hostelería, restauración y catering que supone el 33% de nuestro gasto alimentario), los más de 30.000 establecimientos minoristas existentes en España y, por supuesto, las más de 300 cadenas de supermercados e hipermercados que operan en nuestro país ¿Tiene entonces sentido culpar a las empresas de distribución del comportamiento de todo un sector tan complejo en el que influyen tantos factores y éstos participan de forma tan modesta?