La necesaria convivencia entre el canal físico y online

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Los supermercados nos esforzamos cada día por hacer llegar una alimentación variada, completa, de calidad, segura y a precios competitivos al consumidor. Y, además, por servir al cliente por el canal que éste elija. La omnicanalidad ha llegado para quedarse y para convivir. Las diferentes experiencias de compras que ofrecen el canal online y el canal físico ayudan a que cada consumidor elija el que más le conviene en cada momento y para cada compra. En este sentido, Xavi Cros, responsable de la plataforma Shopper View de Aecoc, afirmó en el 33º Congreso Aecoc de Gran Consumo que uno de cada tres compradores combina la tienda física con la digital en sus compras de alimentación.

La conveniencia –especialmente el hecho de no tener que cargar con productos pesados o voluminosos- es, precisamente, el motivo que más empuja a la compra online. La tienda física, por su parte, atrae a los consumidores por la inmediatez, la facilidad de elegir el producto y el hecho de poder ver los productos frescos. Entre las barreras que Nielsen destaca para el desarrollo del e-commerce en alimentación se encuentra el hecho de no poder examinar el producto –algo muy asociado con los frescos- y los tiempos y costes extra de entrega.

La alta eficiencia de la distribución alimentaria de proximidad que acerca una alimentación de calidad a los consumidores de forma fácil y a precios competitivos hace que este formato sea el preferido indiscutible de los españoles. El informe ‘Consumer Insights Survey 2018’, elaborado por la consultoría PwC, apunta a una “vuelta a las tiendas”. El porcentaje de personas que acudió a tiendas físicas al menos una vez a la semana ha pasado del 40% en 2016 al 44% en 2017.

Por lo tanto, el reto es complementar ambos canales intensificando las ventajas de ambos. Y, para ello, debemos tener muy en cuenta lo de desde ASEDAS llamamos la triple sostenibilidad: social, medioambiental y económica que tenga en cuenta la necesidad de no incrementar los costes de alimentación para el consumidor, la movilidad en las ciudades o el control de emisiones en las rutas de reparto.