La movilidad urbana sostenible para lograr un beneficio social, ambiental y económico

A pesar del paréntesis del Covid-19, la movilidad en las ciudades sigue siendo un debate que la sociedad tiene que abordar con urgencia. El reto consiste en cumplir las necesidades de abastecimiento encontrando fórmulas sostenibles que aporten un beneficio social, ambiental y económico. Así, lo considera AECOC en su primer Congreso de Smart Distribution, que tuvo lugar a principios del mes de julio, y que reunió a concejales y directores de movilidad de grandes capitales de España.

Las ciudades se enfrentan a la disyuntiva de ganar espacios públicos en el centro de las ciudades para mejorar la salud y el bienestar de los ciudadanos y, al mismo tiempo, mejorar la eficiencia de la distribución de mercancías. En definitiva: ganar espacio público para los ciudadanos sin perder capacidad de distribución, como ha dicho la directora general de movilidad sostenible de Palma de Mallorca, Irene Nombela. Esto era ya así antes de la pandemia Covid-19, pero, como en otras tantas cosas, es algo que se ha puesto ahora más de manifiesto que nunca.

Entre las ideas que se han puesto sobre la mesa durante este encuentro rescatamos varias:

  • Creación de centros logísticos urbanos y de puntos de recogida para la paquetería que genera el e-commerce.
  • Análisis y mejora de las zonas de carga y descarga para dar respuesta a la creciente demanda de distribución de mercancías en el centro de las ciudades.
  • Creación de flotas de reparto sostenibles, que usen energías limpias, que optimicen los desplazamientos y que sean silenciosas, entre otros.

Se trata de tres aspectos, añadimos nosotros, en los que las cadenas de supermercados están trabajando desde hace ya tiempo. Los avances en este sentido son claros y en el futuro deben ser todavía más profundos, pero cabe recordar que la propia esencia del supermercado facilita la movilidad sostenible: el 90% de los clientes de los supermercados hacen sus compras a pie porque la estructura de distribución alimentaria de proximidad hace que todos los ciudadanos tengan muy cerca de sus casas una tienda donde hacer su compra completa.


La recuperación de residuos como base para la economía circular

La economía circular está en marcha y el compromiso de las empresas de supermercados con los objetivos medioambientales recogidos en la legislación europea –Directiva 2019/904 relativa a la reducción del impacto medio ambiental de determinados productos de plástico– y nacional –anteproyecto de Ley de Residuos y la Estrategia Española de Economía Circular– es firme. Y lo están demostrando con hechos de la década de 1990: cobro de bolsas de plástico de un solo uso, logística inversa, pool de frutas y verduras, modelos de tiendas eco-sostenibles, flotas que usan energías renovables…

Ahora, ha llegado el momento de profundizar y de sumergirse de lleno en la economía circular con pasos adelante destinados a seguir reduciendo el uso de plástico y otros materiales, poner en el mercado envases reciclables y/o reutilizables y separar para reciclar el 100% de los residuos. Este último paso es muy importante para hacer realidad la economía circular que consiste, simplemente, en intentar que todas las materias primas que se utilizan en el sistema productivo vuelvan al mismo, que el residuo inevitable sea el mínimo y que este mínimo sea tratado adecuadamente para que no termine en el medio ambiente.

Para ello, deben darse todas las circunstancias para que el envase acabe siendo reciclado: infraestructuras, tecnología, formación, concienciación… En este desafío, todas las partes son importantes: las Administraciones con la provisión de infraestructuras suficientes, las empresas poniendo los medios necesarios para mejorar sus sistemas de producción y los consumidores. Estos últimos tienen la misma importancia que el resto y necesitan una información clara y veraz para no confundir conceptos como biodegradable, compostable, reciclable o reutilizable. La no comprensión de estos términos puede, a la larga, terminar siendo muy perjudicial para el medioambiente –por ejemplo, es necesario saber que una bolsa compostable debe ir al contenedor orgánico, lo contrario puede significar que termine en el medioambiente durante años-.

El consumidor también debe ser consciente de la función del envase en relación con la garantía de seguridad alimentaria y con la conservación de los alimentos, lo que significa un menor impacto ambiental derivado de la reducción del desperdicio alimentario. En definitiva, es necesario explicar que no hay materiales buenos ni malos, todos ellos son fantásticas soluciones que nos aportan seguridad y confort, pero hay que diseñar los envases intentando usar el mejor material posible y, sobre todo, hay que poner los medios para que ese material sea recuperado y reintroducido en el circuito de la economía.


La RSE antes y después del Covid-19

A lo largo de la crisis sanitaria, el reto para el sector del gran consumo a la hora de comunicar con el consumidor ha sido grande. En un entorno extremadamente voluble, los cambios en las prioridades de los clientes han sido rápidos y profundos y las empresas han tenido que hacer un enorme ejercicio diario de adaptación a sus necesidades.

Evercom organizó recientemente un webinar con la participación de Ana Palencia, directora de comunicación corporativa de Unilever España; Teresa Bayarri, ejecutiva de comunicación corporativa del departamento de relaciones externas de Consum; Christian Martinell, External ommunications Lead Danone Iberia; y María Bautista, directora de la división de consumo y salud en Evercom Barcelona. Entre todos, identificaron tres grandes claves para seguir muy cerca del consumidor: la transparencia, la comunicación y la responsabilidad social empresarial (RSE).

En tiempos de crisis es muy importante «hacer, informar y, después, comunicar», porque el consumidor necesitaba, ante todo, servicio e información práctica más que comunicación corporativa o de producto. Dicha información práctica tiene que ser, además, coherente con las acciones y filosofía de la empresa. Y, aquí, entramos de lleno en un concepto de responsabilidad social empresarial que va más allá de una declaración de intenciones para convertirse en una herramienta de gestión que debe ser percibida por clientes, empleados y proveedores y, además, permanecer en el tiempo en cuestiones tan importantes como el medioambiente o el empleo.

Aunque el perfil del consumidor que sale de la crisis del Covid-19 es todavía una gran incógnita. Sí hay una certeza: la seguridad como condición para ofrecer confianza. Una asignatura que la distribución con base alimentaria ha aprobado con nota, pero ante la que no tiene que bajar la guardia. El papel de la proximidad, que forma parte de ese elemento de confianza, y la exigencia de una buena relación calidad/precio parecen ser también características que configurarán al cliente de esta nueva época y ante las que las empresas de gran consumo tendrán que reaccionar en su relación con él.

 


La recuperación después de COVID necesita del comercio como motor de la reactivación económica

El comercio desempeña un papel fundamental en el funcionamiento de una economía europea como enlace crucial entre los productores y fabricantes y los consumidores. Como hemos visto durante la crisis, sus cadenas de suministro no han parado de trabajar para asegurar que los consumidores tengan los productos esenciales que necesitan en su día a día. Sólo cuando algo sale mal, las personas se dan cuenta de lo bien que suele funcionar el proceso de aprovisionamiento de millones de productos diferentes de miles de proveedores y, afortunadamente, nada o casi nada ha salido mal durante esta crisis en lo que respecta al suministro de alimentación y productos básicos de higiene.

Sin embargo, el comercio de otro tipo de productos –y también de alimentación en zonas donde se ha producido, por ejemplo, el cierre turístico- puede sufrir y mucho en los meses venideros. Esto no sólo afectará a las comunidades en las que trabajan y prestan servicios, sino que su cierre también tendría un impacto significativo en el desempleo y, por lo tanto, en el poder adquisitivo de los afectados. El consumo privado representa el 50% del PIB de la UE y se puede marcar una verdadera diferencia si no logramos entre todos que la crisis sanitaria no derive en una profunda crisis económica y social en la UE. Por ello, el comercio es esencial: una tienda cerrada no puede vender nada, y todos sus proveedores notarán el impacto en sus ventas.

Este es el análisis que EuroCommerce, organización que agrupa al retail europeo y a la que pertenece ASEDAS, hace de la actual situación post-Covid. Sin embargo, y tras analizar el Plan de Recuperación presentado por la presidenta Ursula von der Leyen, su director general, Christian Verschueren, ve esperanzas: «Nos sentimos alentados por el enfoque positivo y ambicioso de la Comisión para hacer que la economía europea se mueva de nuevo después del daño masivo causado por el virus COVID. (…) Nuestro sector depende directamente de la marcha de la economía, pero también es un motor. Estimular el consumo significará, por lo tanto, un apoyo para todos los que forman parte de las cadenas de suministro en toda Europa«.

Aparte de la necesidad de inyectar liquidez en la economía y de asegurarse de que el dinero llegue a las empresas que lo necesitan lo antes posible, EuroCommerce ha establecido a la Comisión una serie de prioridades para la recuperación económica de Europa, entre las que se incluyen:

– Garantizar que el apoyo se destine a los servicios, incluidos el comercio minorista y mayorista como sector central.

– Un mercado único que funcione correctamente duplicaría el efecto sobre el PIB incluso del paquete de ayudas más generoso.

– Apoyo a la inversión para que las empresas aceleren su transición digital y de sostenibilidad como estímulo para una nueva actividad económica.

– Revitalización de las comunidades urbanas y rurales, asegurando que la infraestructura vital de servicios, incluida la venta al por menor.

– Un renovado impulso para mantener abiertos los mercados internacionales.

 


La distribución aprueba con nota la asignatura de higiene y seguridad

Los consumidores puntúan con un 8,72 las estrategias de higiene y seguridad para empleados y clientes implementadas por los establecimientos de distribución y con un 8,43 la calidad del servicio ofrecido durante el confinamiento, según se desprende del barómetro de Aecoc Shopperview y la consultora 40dB, “Consumo y compra dentro y fuera del hogar durante y después del Covid-19”.

Además, los clientes piensan de manera mayoritaria (83%) que estas medidas deben mantenerse para combatir el coronavirus una vez pasado el confinamiento, mientras aplauden las iniciativas desplegadas por la distribución durante la crisis sanitaria. De hecho, la colaboración ciudadana en las tiendas ha sido un factor destacable durante la pandemia.

El barómetro también refleja cómo la incertidumbre económica gana relevancia en el comportamiento de los consumidores españoles. Según la encuesta, el porcentaje de compradores que ahora da más importancia a los precios a la hora de llenar su cesta de la compra ha pasado del 32,8%, resultado obtenido entre el 3 y el 7 de abril, al 46,5%, del 12 al 17 de mayo.

Este contexto económico puede explicar uno de los cambios de hábitos en la compra más acentuados durante esta crisis, como es el crecimiento de la cesta básica. El 70,7% de los encuestados reconoce que compra sobre todo productos esenciales, y hasta el 37,5% se preocupa menos por probar nuevos productos. Antes de la crisis del Covid-19, el 60% de los compradores había adquirido al menos un producto nuevo en su última compra.

De este modo, la preocupación por la seguridad y la higiene, el precio y también la proximidad (el 75% de los consumidores acude a los establecimientos que le quedan más cerca del hogar, y el 67% asegura que seguirá acudiendo a estas tiendas cercanas tras el confinamiento) son algunos de los factores que cobran peso en lo que comienza a definirse como el perfil del consumidor post-Covid.