El compromiso de la empresa con la economía circular

El amplio espectro de la cadena de valor del envase incluye diseñadores, productores, fabricantes, distribuidores, valorizadores, y también administración y consumidores. Todos ellos participaron la semana pasada en la Jornada “Compromiso Empresarial por la Economía Circular en el Envase”, organizada por la Comisión de Industria, Energía, Medio Ambiente y Clima de CEOE, donde se subrayó la necesidad de los envases en sus funciones relacionadas con el producto que contienen, como son proteger, transportar, alargar la vida útil, garantizar la seguridad e informar. Pero, también, la responsabilidad de recuperarlos, reutilizarlos y, cuando esto no sea posible, tratarlos adecuadamente para su revalorización como recurso y, así, reintegrarlos al ciclo de la economía.

En lo que respecta a la distribución con base alimentaria, el director general de ASEDAS, Ignacio García Magarzo, subrayó el “compromiso serio de las empresas para cerrar el círculo de la economía circular y que los residuos se conviertan en las nuevas materias primas”. Ésta es una prioridad de las Administraciones y también lo es, desde hace ya tiempo, para las empresas del sector. El cumplimiento legal de las obligaciones marcadas por Bruselas es una realidad para la distribución alimentaria desde hace ya muchos años –por ejemplo, los supermercados fueron los primeros en cobrar las bolsas de plástico de un solo uso hace más de una década-, pero se quiere ir más allá en un ejercicio de responsabilidad medioambiental, de escucha hacia la sociedad y de colaboración con proveedores y clientes.

Para alcanzar el pleno desarrollo de la economía circular, las empresas necesitan llegar a los objetivos aplicando los instrumentos que mejor se adapten a sus modelos de negocio. Ante esta demanda de las empresas, García Magarzo subrayó que “el sector de la distribución alimentaria ha demostrado en estos meses que merece confianza” y, por lo tanto, cumplirá también su compromiso con la economía circular.

Los diferentes eslabones de la cadena de valor del envase expusieron sus avances y sus proyectos para cerrar el círculo virtuoso de la economía circular, que imita al ciclo de la naturaleza, y cuyo objetivo es aprovechar todo y transformar los residuos en recursos. Con esto se consigue, además, ahorrar costes y crear puestos de trabajo, dando un impulso a la economía.

En este marco, todos coinciden en que resulta necesaria la labor de acompañamiento de la Administración para facilitar y promover el desarrollo de proyectos que permitan avanzar hacia la economía circular con mejoras a través la I+D+i, apoyo financiero y garantía de seguridad jurídica. Para ello, además, se deben activar los mecanismos necesarios para ayudar al consumidor a que deposite los envases en el contenedor adecuado a fin de que sean gestionados y reciclados adecuadamente y no terminen en el vertedero o abandonados en la naturaleza.


La importancia de los recursos humanos en la recuperación

Una de las grandes enseñanzas de la pandemia Covid-19 es la importancia de los recursos humanos en las empresas que han sido servicios esenciales. En el caso de la distribución con base alimentaria, el compromiso, la implicación, el sentido de servicio social y de pertenencia al sector de los empleados de las tiendas y de las plataformas logísticas ha sido un pilar básico para conseguir el objetivo de que la alimentación no haya sido un problema en los días más duros del confinamiento.

La gestión de las personas será, precisamente, un factor clave para la recuperación. Así se concluye en el informe “La empresa española ante la Covid-19”, elaborado conjuntamente por KPMG y CEOE. Con el factor humano a la cabeza de los retos que se nos presentan por delante, los empresarios encuestados también apuntan a la digitalización y a las técnicas para afrontar los cambios en los hábitos de consumo como otras dos cuestiones que las empresas deben ya abordar sin perder tiempo.

En ambos, el gran consumo tiene mucho que decir. La digitalización es un proceso que ya ha comenzado hace tiempo y que va mucho más allá del desarrollo de plataformas de comercio electrónico para abordar una profunda transformación de la gestión logística con un gran impacto económico y medioambiental.

Responder a los cambios en los hábitos de consumo es algo que la distribución con base alimentaria también lleva haciendo históricamente. En este sector los cambios son quizá más continuos y más rápidos que en otros, lo que no significa que haya que bajar la guardia en un momento especialmente delicado como el actual ante el profundo impacto de la pandemia en los consumidores. En este sentido, según el informe, la seguridad, la salud, el precio y la confianza se manifiestan como drivers del consumo bastante determinantes en un futuro próximo.


El desperdicio alimentario desde una visión económica, medioambiental y social

El desperdicio alimentario es un problema económico, medioambiental y social que viven las sociedades de nuestro entorno. Los datos del EU-funded FUSIONS Project muestran que el 53% del desperdicio se produce en los hogares, el 12% en la restauración, el 11% en la producción de alimentos y el 5% en la distribución. Ser el eslabón de cadena que mejor controla el desperdicio alimentario no significa que debamos pensar y actuar en solitario. Muy al contrario, solo una acción combinada a lo largo de toda la cadena puede contribuir a obtener reducciones más visibles y rápidas de desperdicio alimentaria y también a reducir los costes añadidos que esto supone. 

Efectivamente, ningún consumidor quiere comprar alimentos para tirarlos ya sea en su casa o en un restaurante, ningún productor o fabricante invierte en materias primas que desecha y toda tienda de alimentación desea vender sus productos, en lugar de retirarlos. Todo ello deriva en importantes ineficiencias económicas y medioambientales, estas últimas en forma de recursos naturales y energéticos que se gastan. Un hecho que no tiene cabida en la Economía Circular.

En la distribución alimentaria llevamos casi una década trabajando para que no haya desperdicio alimentario, es una ejemplo claro de nuestra Responsabilidad Social Sostenible en su triple vertiente:  compromiso medioambiental y social y que, al mismo tiempo, tiene un fuerte componente económico. La manera de abordarlo es transversal y alcanza tanto a los responsables de compra y de logística, como a acciones con el resto de la cadena de valor alimentaria. La conversación con los proveedores destinada a ajustar al máximo la oferta a la demanda es fundamental en este caso; como también lo es poner a disposición de los consumidores los alimentos en los formatos que estos necesitan.  Las medidas preventivas se han extendido por todas las tiendas: el pedido ajustado, las ofertas al final del día o cuando el producto está cercano a su fecha de caducidad, han hecho posible que ya no se tenga miedo al lineal vacío cuando queda poco tiempo para cerrar la tienda.

Por supuesto, las Administraciones también pueden ayudar con una regulación flexible y bien orientada que recoja la voluntariedad de las acciones o en analizar ineficiencias cuando el alimento se convierte en residuo. Esto es importante para aplicar las soluciones que mejor se adapten a cada sector y a cada compañía.

Esto es así, por ejemplo, en el caso de las donaciones de alimentos como herramienta para prevenir el desperdicio alimentario. Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación en un reciente evento sobre este tema, 9 de cada 10 empresas donan alimentos a ONGs. Solo las compañías de ASEDAS alcanzan donaciones de más de 13.000 toneladas de alimentos al año, que se han visto sustancialmente incrementadas durante la pandemia. Esta acción aúna la lucha contra el desperdicio con el compromiso social de las empresas destinado, además, a organizaciones de proximidad.

Sin embargo, debemos ser realistas en el sentido de que un porcentaje de desperdicio es inevitable debido a posibles desajustes en la demanda o golpes o roturas durante la manipulación o el transporte. Dentro del concepto amplio de la economía circular en el que las compañías están trabajando, además de minimizar este desperdicio, lo más importante es revalorizarlo –por ejemplo, derivándolo hacia la alimentación animal o el compostaje- y, en los casos en que esto no sea posible, tratarlo adecuadamente para que, en ningún caso, termine contaminando la naturaleza.


Toda la economía está interrelacionada: #Salvemoslahostelería

La crisis derivada de la pandemia Covid-19 está castigando a muchos sectores económicos con dramáticas consecuencias para el empleo. La hostelería se ha concentrado bajo el lema «Salvemos la hostelería y los locales de ocio nocturno» con el objetivo de reclamar un futuro para el sector hostelero.

Recordamos que, independientemente de la actividad, sector o tamaño de la empresa, toda la economía está interrelacionada. La hostelería, por ejemplo, impacta sobre la alimentación, las bebidas, el turismo o la música, entre otros. Por ello, el hastag #salvemoslahostelería es tan importante en estos momentos; como también lo es evitar la demonización de un sector concreto ante la pandemia que estamos viviendo.


La doble insolidaridad del absentismo laboral: hacia los trabajadores y hacia el sistema sanitario

El pasado 19 de junio, el director general de ASEDAS, Ignacio García Magarzo, compadecía ante la comisión de reconstrucción del Congreso de los Diputados con un decálogo de propuestas de carácter económico, medioambiental y social. Una de ellas llamaba la atención a los diputados sobre el problema del absentismo laboral. “La crisis del Covid ha puesto en evidencia dos hechos relevantes: el importante papel de los trabajadores de la distribución alimentaria y la vulnerabilidad del sistema de protección a la salud. El absentismo injustificado va en contra de ambas realidades. Es totalmente insolidario con los trabajadores, que en su gran mayoría no defraudan, y merma recursos del sistema de protección que deberían dedicarse a otros fines”, declaraba días después al Diario Expansión. El problema ha sido también objeto de análisis en la campaña ActiVAte, centrada en la reactivación económica derivada de la pandemia.

El absentismo laboral genera un coste de 40.000 millones de euros anuales a la Administración y a las empresas. Según fuentes del Ministerio de Trabajo y del Instituto Nacional de Estadística (INE) en 2018 España alcanzó unas cifras de absentismo del 5,32%, lo que significa que casi un millón de personas no fueron a trabajar en todo 2018; aunque que el 71% de ese absentismo se atribuye a motivos de salud hay otro porcentaje que no está justificado. En el sector del comercio, la cifras de Muvale, mutua de accidentes de trabajo, arrojan un crecimiento del 43% en el absentismo laboral desde 2015, alcanzando un 5,27% en 2018. Estas cifras incluyen tanto las bajas justificadas como la no justificadas, aunque se piensa que es este último aspecto el que explica el crecimiento ante la estabilidad en el incremento de las plantillas.

La principal manera de luchar contra esta lacra laboral y social es la concienciación del daño que estas conductas insolidarias hacen al sistema sanitario, a las empresas y a los compañeros de trabajo. Sin embargo, algunos mecanismos podrían elevar la eficacia en el control del absentismo y ayudar a detectar el fraude. El papel de las mutuas, como entidades colaboradoras de la Seguridad Social más allá del pago de prestaciones, es quizá el principal. La posibilidad de que éstas pudieran colaborar con el sistema emitiendo partes de baja, verificando las mismas e incluso emitiendo partes de baja y participando de manera activa en la aceleración de pruebas diagnósticas y tratamientos añadiría eficacia al sistema en beneficio de todos.