La IV gama como paradigma de las nuevas tendencias de consumo

Cuando se analiza la evolución del consumo de alimentos en España que publica el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación en su informe anual, uno de los datos que más salta a la vista es el incremento en la compra de las ensaladas y verduras de IV gama. Éstas registraron un crecimiento del 56,7% en 2018 en una tendencia que –con diferentes porcentajes- se prolonga desde hace varios años.

Otros datos llamativos que ha recopilado Europa Press con el MAPA como fuente es que estos productos están presentes en ocho de cada diez hogares españoles. Cada español consume una media de 6,67 kilos de estos productos al año y destinaron a estos productos, una media de casi 17 euros al año, el 38,6 % más que en el ejercicio precedente. Así, la categoría de IV Gama representó en 2018 el 1,13 % del presupuesto total para la compra de alimentación. Además, el supermercado y el autoservicio (41,7 %) son los canales favoritos para su adquisición. La ensalada verde es el plato de esta categoría que está más presente en el menú de los hogares españoles.

El análisis del comportamiento de la IV Gama es paradigmático de la evolución de las tendencias de consumo que venimos observando desde hace tiempo. La preocupación por una alimentación sana y natural, con un fuerte componente de frutas y hortalizas, se combina aquí con la necesidad de facilitar su consumo a personas con poco tiempo para cocinar. Así pues, se unen aquí algunos de los ejes del retail del presente y del futuro: productos frescos, salud, conveniencia en relación con un estilo de vida urbana y adaptación de las raciones a hogares cada vez más pequeños. Y, por supuesto, con el supermercado como referencia principal para la compra de alimentación.


El precio y la proximidad son los factores prioritarios para elegir la tienda donde hacer la compra

Hoy nos fijamos en un interesante artículo de Pablo de la Rica, gerente de Retail Knowledge de AECOC, titulado Los 8 ejes estratégicos del Retail en España.  Lo primero que llama la atención es que el precio sigue apareciendo como un factor imprescindible para el consumidor. La pasada crisis económica enseñó a los consumidores que la compra en proximidad, con cestas pequeñas pero frecuentes, es un factor de ahorro sin renunciar por ello a conceptos como la calidad y la seguridad. Ésta es una de las razones que explican que el supermercado se haya convertido en el canal de compra preferido en España. Además, este formato ha contribuido a configurar un modelo de distribución equilibrado en la oferta de formatos y modelos de tiendas que el consumidor tiene disponible y que ha logrado alcanzar altas cotas de eficiencia. Esto implica que en España los precios de la alimentación se sitúan hasta cinco puntos por debajo de la media europea, según el último Eurobarómetro. Son circunstancias que el ciudadano debe conocer y apreciar como un logro común.

De la Rica destaca otro factor fundamental que define la distribución alimentaria en España y es la fortaleza de las cadenas regionales que “no solo han conseguido mantener a sus clientes, sino que algunos han crecido en un escenario desfavorable”. Y, añadimos nosotros, contribuyen –también con la ayuda de las centrales de compra- a configurar el modelo de eficiencia y equilibrio del que hablamos y que revierte directamente en beneficio para el consumidor y para los productores locales que tienen en estas cadenas firmes referencias de distribución.

«Precio y proximidad son los factores prioritarios a la hora de elegir un establecimiento» para hacer la compra, dice De la Rica. En nuestra opinión, son los que, a su vez, definen los supermercados de proximidad. Estos permanecen muy atentos, y en algunos casos lideran, al resto de los ejes de consumo que menciona el responsable de AECOC: productos ecológicos, frescos, saludables, sostenibilidad, experiencia de compra, innovación y digitalización. Todos ellos nos ayudan a configurar una oferta tanto de productos como de servicios que, en todo caso, mantendrá siempre al consumidor como su principal referencia.

 


Los jóvenes piden una alimentación sana, sostenible y multicanal

El 12 de agosto se celebraba el Día Internacional de la Juventud. Millenials (entre 21 y 39 años) y Centenials (menores de 20 años) constituyen uno de los grandes retos a los que el gran consumo se enfrenta ahora mismo ya que nos invitan a adaptarnos a sus hábitos de consumo, que son muy diferentes a los de las generaciones precedentes.

Lo primero que observamos es la utilización del móvil como motor de búsqueda ante cualquier acción de su vida cotidiana, incluyendo información sobre los productos de alimentación y, en muchos casos, su compra. La transformación digital en que está inmerso el sector del gran consumo conecta directamente con los jóvenes y la primera lección es la necesidad de llegar a estos consumidores a través de plataformas multicanal y de ofrecerles los productos tanto a través de la tienda física como virtual. De hecho, el “take away” y el “delivery” son grandes patrimonios de estas generaciones.

El segundo factor a tener en cuenta es la creciente conciencia del impacto social y medioambiental del consumo. Los jóvenes se hacen las siguientes preguntas: “¿es ético el origen del producto que estoy comiendo? ¿Hay explotación infantil detrás? ¿Hay explotación en países subdesarrollados? ¿Qué impacto tiene sobre el medio ambiente? ¿Cuánto dinero se está quedando el productor?”, según el estudio ‘Las cosas sobre la mesa. Macrotendencias, alimentación y bebidas’, realizado por la consultora Findasense.

El tercer aspecto que preocupa a los jóvenes es la alimentación propiamente dicha, que ésta sea saludable, con menos grasas y azúcares, y natural. Todo ello lo piden aderezado con lo que el estudio denomina una “experiencia sensorial”, que comienza en el packaging y termina con comentarios en las redes sociales después del consumo.


Radiografía de los productos «listos para comer»

Llevamos ya algún tiempo observando el auge de los alimentos “listos para comer”. Ellos concentran perfectamente el significado de la palabra “conveniencia” -otro término en auge en el sector del gran consumo- porque responden a la necesidad de proporcionar a los consumidores alimentación sana y fácil de consumir ante la falta de tiempo para “meterse en la cocina”.

De hecho, el primer trimestre de 2019 cerraba con un crecimiento del 4,2% en estas gamas de productos. Los principales motivos de este auge son la falta de tiempo para cocinar, la reducción del tamaño de los hogares y un cambio en las tendencias de consumo que valoran lo simple y práctico. De hecho, los productos listos para comer pueden definirse como “sencillos, pequeños y prácticos”. 

El 56% de los españoles declara consumir alimentación “read to eat” por falta de tiempo, según el estudio Alimentación de conveniencia publicado por el Shopper View de AECOC. Estos consumidores consideran que estos productos les aportan comodidadrapidez variedad, en definitiva, “conveniencia”. Es interesante subrayar, en el concepto variedad, que los consumidores aprecian la posibilidad de acceder a platos de cocina internacional, como el sushi y el cus-cus, entre otros.

En cuanto a los canales de distribución, el supermercado es también referencia a la hora de acceder a este tipo de alimentación: el 92% de la alimentación “read to eat” se compra en el establecimiento habitual de los consumidores.

Un aspecto importante sobre este tipo de comida es el envase. Los consumidores aprecian que éste sea transparente, porque genera más confianza, y también que sea sostenible ante la creciente preocupación por el medio ambiente.

 


Las herramientas de la distribución contra el desperdicio de alimentos

El desperdicio de alimentos tiene graves consecuencias medioambientales ya que despilfarrar alimentos equivale a despilfarrar la energía y el agua que se requieren para cultivarlos, cosecharlos, transportarlos y envasarlos. De hecho, según datos de la FAO, Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, a nivel mundial la huella de carbono fruto del despilfarro de alimentos produce hasta 3.300 millones de toneladas de gases de efecto invernadero anualmente. 

La correcta gestión del surtido en almacén y en tienda, el “envase protector” y los programas de donación de alimentos son algunas de las herramientas con las que contamos desde la distribución alimentaria para seguir avanzando en este gran proyecto medioambiental y que, día a día, intentamos perfeccionar en servicio al consumidor y al medioambiente.

Pero la acción debe ser conjunta y, por ello, es fundamental el último llamamiento que ha hecho AECOC, Asociación de Fabricantes y Distribuidores, al respecto: “sumar esfuerzos desde todos los eslabones de la cadena de valor para reducir el desperdicio de alimentos y dotar al consumidor de herramientas para reaprovecharlos y alargar su vida útil”.

Es precisamente en el último tramo de la cadena, el consumo en el hogar, donde se registran los más altos porcentajes de desperdicio. Según la Comisión Europea, el 42% del desperdicio total se genera en los hogares, el 39% en fabricación y producción de alimentos, el 14% en la hostelería y, por último, el 5% restante en la distribución.

Ser el eslabón donde menos desperdicio se produce no equivale a relajarse ya que el objetivo es alcanzar niveles cercanos al cero. Por ello, se sigue avanzando con proyectos como “La alimentación no tiene desperdicio”, puesto en marcha por AECOC, y que ha logrado reducir hasta un 0,7% la cantidad de producto desperdiciado en empresas de gran consumo; un porcentaje que, al principio del proyecto en 2012, se situaba en el 1,7%.